Tor des Géants (V): Km 150 - Km 210. De Donnas a Gressoney. Coda y su dureza. Perloz y Barma: el sentido de todo. La cabaña amiga. La charla con Fred. Pequeños contratiempos.

Había salido de Donnas sintiendo mucha impotencia por no haber podido dormir pese a tener mucho sueño. Contaba con la posibilidad de sucumbir al mismo y pocos kilómetros después tener que acurrucarme dentro del saco térmico en cualquier rincón. Pero al mismo tiempo salí determinada con una cifra en la mente: 2.600. Eran los metros de ascenso que tenía que cubrir para poder dormir. Dormir 30 minutos en el refugio Coda sería mi recompensa. 

Hago los primeros 4 km que son por asfalto, ahí pasamos por un avituallamiento sorpresa (que no constaba en la guía del corredor) donde me ofrecen un café que acepto encantada. Y más teniendo en cuenta que en el Tor el café que te ponen es casi siempre recién hecho y en cafetera de toda la vida. Tonterías las justas. Un café amb sucre, grazie mile. Voy a ratos hablando castellano, también catalán (me parece que lo entienden más), algo de italiano (las pocas palabras que voy aprendiendo por el camino las voy integrando siempre que puedo) y a menudo también inglés. I a vegades tot barrejat. Me animo, me hacen sonreír, hay una batucada y muy buen ambiente. Cruzo un puente de piedra muy bonito y ya me adentro en la oscuridad. Voy totalmente sola, no se ven frontales en ninguna parte de mi campo visual. No sé de dónde, pero parece que de la nada me sale una energía que me hace pillar un ritmo decente, o decente en relación a las circunstancias. El caso es que el tiempo empieza a pasar rápido. 

Llego al avituallamiento de Perloz donde , inesperadamente, viviría uno de los momentos más bonitos de este "viaggio". Lo curioso de los momentos más bonitos es lo inesperados que pueden ser, o que  casi siempre son. Cuando los vives son bonitos, pero hasta que no los miras desde cierta distancia temporal, no te das cuenta de lo especiales que fueron. A Perloz llegábamos a cuentagotas, pero recibían a cada corredor como a un amigo de toda la vida, con aquellos cencerros enormes, gritos de ánimo y un montón de comida casera. Recuerdo un pastel de pistacho que me llegó al alma. Se veía que acababan de sacar el molde del horno. Me emocioné y me salieron unas lágrimas. Les dije "you are the best". Ese avitualllamiento fue breve pero nunca lo olvidaré. Gracias, Perloz. 

Sigo mi subida hasta el col Carisey, se hace bastante larga, adelanto a varias personas, voy bien. Tengo bastante frío, eso sí. Recuerdo pensar muchas cosas durante esa subida, incluso cuestionarme cosas de mi vida y tratar de llegar a conclusiones, hasta que me dije, Elsa, igual no es el momento. Llego al avituallamiento de La Sassa donde me pongo todo el abrigo que tengo, pinta mucho frío en el Carisey. Tomo caldo con pasta tranquilamente sentada en un banco al resguardo, hablo un poco con un voluntario que no para de mirarme y sonreírme. Creo que le caí bien. Dos chicos discutían sobre lo que quedaba hasta el Coda, un poco pesados, y mi aportación fue "da igual lo que quede, tenemos que hacerlo igual". Juro que no sonó borde, lo dije en plan gracioso. Y me fui. Continua la subida eterna aunque ya solo quedan 600+ de los 2.600 que eran, la tierra prometida se aproxima. Y llego al refugio Coda. 

Pero yo no estaba preparada para que la tierra prometida se convirtiera en una pesadilla. En otros refugios por los que habíamos pasado entrabas al refugio como tal y podías al menos tumbarte en un banco o en un suelo de madera al resguardo, calentita. Pero aquí habían montado una carpa anexa al refugio y no se podía entrar al mismo. Además hacía un viento gélido que levantaba las lonas de la carpa por muchas partes continuamente. Pero yo quería dormir. No me acerqué ni a la comida. Dormir. Me puse el cortavientos gordo (el segundo) por encima y me estiré en un banco super estrecho, del que sobresalía por todas partes...imposible dormirme sin sentir que me iba a caer. Me trasladé al suelo, es decir, a la tierra, debajo de una mesa, poniendo esta vez el cortavientos debajo...logré dormirme unos 5 minutos y desperté con el cuerpo congelado. El suelo estaba helado y la lona me golpeaba en la espalda con las sacudidas del viento, un viento realmente gélido. Vuelvo al banco y pienso "si me caigo me la sopla". Enredo los pies en los hierros del  extremo de la mesa y me duermo una media hora. Me acerco a un fuego, tomo caldo con pasta y me voy. Creo que he perdido el tiempo y este sueño no ha sido muy recuperador. Vaya con la tierra prometida. Puto Coda. Te odiaré siempre. 

Empiezo la bajada correspondiente con buen ritmo, completamente sola, oyendo un podcast que logró entretenerme bastante. Llega el tercer amanecer. ¿Es el tercero? Empiezo a dudar de todo. En este punto pasamos por una cabaña en la que hay una nota por fuera que invita a los participantes del Tor a pasar. "Viva il Tor!" acaba: 




Dentro hay un par de esterillas, un par de mantas, velas, agua y algunas cosas útiles más. Aprovecho para ponerme el outfit de día, es decir, quitarme las mallas largas y la camiseta térmica y ponerme los shorts y la camiseta corta con manguitos.  Salgo de allí, avanzo medio kilómetro y me doy cuenta de que he perdido el móvil. Finalmente y con mucha dificultad, logro recordar que al cambiarme lo dejé en la mesa de la cabaña. Retrocedo sobre mis pasos y lo cojo. Algunos me miran raro en plan "esta tía lo debe estar flipando bastante para ir en dirección contraria" pero no dicen nada. Yo tampoco diría nada. Sálvese quien pueda, ella sabrá lo que hace. Iba en dirección contraria pero no me tambaleaba. 

Sigo bajando y empiezo a oír un tipo que viene por detrás dando unos gritos de loco, me dio miedo, daba miedo. Iba tan emparanoiada que apreté el paso porque me imaginé que le había dado un brote psicótico y nos quería matar a todos. Era evidente que mi media hora de sueño no había sido reparadora. Empieza la subida al Refugio de Barma, que parece que no llega nunca. Pero llega y allí vivo otro de los momentos más bonitos de la carrera. Ya el sol calienta, son las 9 de la mañana, el refugio está al lado de un lago muy bonito y es acogedor. Hay un buen menú, se pueden elegir varios platos. Pido polenta con queso y además voy a la barra del refu y pago un zumo de melocotón, un capricho de los míos. Salgo al césped para calentarme al sol, se me acerca un perro y se queda todo el tiempo a mi lado, no sé si quiere mi compañía o mi comida, decido pensar que lo primero. Después de comer me tumbo al sol y me quedo en trance unos 15 minutos. El perro se duerme a mi lado. Es un momento muy bonito de paz que me hace sentirme feliz y verle sentido a esto tras una noche tan dura. No quiero irme, me quedaría, pienso "¿y si mando el Tor a la mierda y me quedo 3 días a vivir en este refu tan bonito?". Pero mi lado masoquista vuelve a acudir a mi rescate y me obliga a seguir. Hemos venido a dar la vuelta completa al Valle. Espabil!! Grabo un vídeo, como queriendo atrapar este momento para siempre y me voy. Me voy pensando que, aun sin video, este momento está grabado a fuego y estará dentro de mí para siempre, siendo parte de lo que soy, de la persona nueva que soy tras este nuevo amanecer. Una persona diferente a la que salió anoche de Donnas. Así de loca es esta vida. 



                             



Sigo y me cruzo con dos señores que vienen a animar al hijo de uno, un chico de 20 años que va tocado de una rodilla. Lo había pasado hace un rato, no me dio buena pinta, creo que ese día de hecho se retiró. No recuerdo por qué pero uno de los señores me dijo que era la mujer más guapa de todo el Tor, lo cual me pareció una soberana chorrada pero por otra parte me animó. Supongo que fue con algún tipo de buena intención, aunque pensé que ser guapa en caso de serlo, no me haría acabar el Tor. Aquí eran necesarias otro tipo de cualidades que son casi todas menos genéticas que la belleza. ¿Eres una gigante o no? ¿De qué estás hecha? ¿Puedes aguantar lo que el Tor te va presentando? ¿Tomas las decisiones correctas para que tu viaje tenga éxito? Es complejo. Cada decisión que vas tomando en cuanto a cada uno de los factores que intervienen es la base de las siguientes decisiones que vendrán. Cualquier mala decisión te puede tirar todo abajo. Así que se trata de ir construyendo una estructura de buenas decisiones, colocadas una sobre otra, un día tras otro...y así hasta estar de vuelta en Courmayeur. Dale valor a cada una de las decisiones que tomes, por muy pequeña que sea, porque cada una de ellas puede ser determinante por sí misma. Lo piensas y es acojonante. Y, por supuesto, totalmente extrapolable a la vida "real". 

En mi camino hacia el col de Marmontana conozco a Fred, un suizo que habla super bien castellano. Al momento conectamos, llevamos un ritmo parecido y me gusta mucho su conversación. Una de las cosas que me cuenta es que no le gusta ir con gente que habla demasiado y yo pensé "perfecto, a mí tampoco". Pero lo curioso es que acabamos hablando un montón. Nos contamos un poco la vida y me impresionó su historia. Una de las cosas que me contó fue que su hija había superado recientemente un cáncer. Tuve la suerte de poder escucharlo como persona y como pediatra. Entendía bien de lo que me hablaba, al menos desde el punto de vista médico. Y me sentí agradecida de que me lo contara. Al momento lo admiré, admiré su abnegación, su fortaleza, su capacidad de estar aquí completando esta locura después de haber vivido lo que había vivido. Brutal. Desprendía mucha energía y mucha determinación. Hablamos también de la preparación del Tor y una de las cosas que me dijo es que sentía que llevaba meses en los que solo pensaba en el Tor. Al momento me sentí muy identificada. Desde que supe que tenía dorsal, no ha habido día en el que no pensara que en septiembre estaría en el Valle de Aosta haciendo el Tor. Y ahora estábamos aquí, finalmente, increíble... compartiendo este momento único y eterno, como un tesoro del camino.  Luego él pilló un punto más rápido y nos despedimos, aunque con la certeza de volvernos a encontrar.

Durante este tramo iba con miedo. Mi estómago llevaba unas horas haciendo muchos ruidos, como cuando vas a ponerte mala... pero ni vómitos ni diarrea...la comida entraba...pero no paraba de rugir. Tenía miedo de estar en los preámbulos de una gastroenteritis y tener que retirarme. Sería una putada porque de resto iba muy bien, cansada, pero muy bien. Sobre todo de coco. Me paro un rato apoyada en una roca, con miedo, miedo de subir los dos collados que venían y ponerme a vomitar como una loca, encontrarme mal y estar sola. Las siguientes 48 horas mi estómago estaría haciendo ruidos casi continuamente pero pasadas unas 12 horas ya comprendí que no pintaba una gastroenteritis y acepté que era su forma de quejarse ante todo el estrés al que lo estaba sometiendo. Pensé que me tocaría tolerárselo. Igualmente, le di algo de tregua, tratando de comer con algo más de orden, tirando mucho de caldo, pan, arroz, cosas simples y que funcionan. Creo que me lo agradeció. 

Pasamos el col de la Vecchia, precioso, e iniciamos la bajada hacia Niel. Bajada complicada, larga, técnica, pesada, desesperante, lenta. Si se me ocurren más adjetivos edito y los añado, lo juro. Aquí paso a la griega de la ducha, que va llorando a sollozos. Yo voy llorando por dentro pero tengo ganas de llorar por fuera y gritar mucho, aunque me contengo. Me pego a unos chinos que también van hasta el nabo. A nadie le gusta esta bajada. 

Llego a Niel, donde me tomo un batido de los míos, me saco el vendaje de Jacopo que, aunque efectivo se me ha ido soltando por el calor, y sumerjo los pies en una fuente de agua helada. Dolor y placer. Salgo a por la subida de 800+ de Lazoney, que se me hace durísima, ya llevo 200 km y 15.000+. Tengo muchas ganas de llegar a la siguiente base de vida, Gressoney. Me encuentro con Edy,  un aostano muy simpático con el que había coincidido varias veces, y por primera vez la primera noche haciendo la bajada de la Fenetre, donde vio mi cara de susto y me dijo "Il muro, il muro!!" y yo le dije "ya veo, sí sí..." Empiezo a hablar con él y otros 3 italianos que lo acompañan. La charla es animada y son muy graciosos, por lo que al final la subida pasa rápido. Tristemente, no coincidiríamos más porque Edy se acabó retirando al día siguiente.



En la bajada de Lazoney me voy sola, les digo que tengo mucho sueño y que voy a trotar un poco. Allí pillo el ritmo de un venezolano que me cuenta que el año pasado se había retirado porque había venido a correr y que inevitablemente petó... y que este año venía con otra idea. Paramos en el avitu de Bleckene donde como algo por comer (no tengo hambre) y me tomó un té (creo que en todo el Tor igual me tomé unos 20 tés). Se enreda hablando y le digo que me voy pero se apura y se viene conmigo, vamos tirando uno del otro y bien, aunque enseguida noto que es de esta gente que habla mucho pero escucha poco. Bajamos un kilómetro y medio y se da cuenta de que se ha dejado los bastones en el avituallamiento...se plantea abandonar sus Leki...yo le digo que si está loco, que vuelva. Se lo piensa bastante y al final vuelve a por ellos. Al final se acabaría retirando del Tor por segunda vez. 

Sigo sola, la bajada a Gressoney se me hace muy larga y tengo alucinaciones auditivas. Voy trotando y en un momento dado piso mal. Me empieza un dolor en la rodilla derecha que ya se quedaría conmigo hasta el final de la carrera y que al instante me hace pensar en mis posibilidades de acabarla si persistía. Me da un poco de bajona. Además aquí veo una carretera con coches y digo "venga, ya estás", pero no...eran alucinaciones, empieza la psicodelia dura, ya estaba tardando en llegar. Aún quedaba media horita de bajada por bosque y un tramo de 2 km de asfalto hasta llegar a la base de vida. Realmente la fiesta estaba empezando. 

De Gressoney en adelante el efecto nebulosa se amplifica. Aun quedarán por delante 150 km y aunque mi mente sigue fuerte, me parece toda una hazaña poderlos realizar. Me pregunto de qué lugar de mi interior llega tanta resistencia, tanta fortaleza, tanta entereza, tanta determinación. Pero existían, estaban allí. Sí, yo estaba preparada para venir aquí y convertirme en una gigante. Se me acumulaban los problemas y aún tendría algún que otro contratiempo pero, por primera vez, me empiezo a visualizar en la meta de Courmayeur. 


  





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