El post - Tor más inmediato: encuentros, ceremonia finisher y primeras sensaciones. Adiós, Valle de Aosta...

Era un sábado de septiembre a las 12: 10 de la mañana y yo acababa de cruzar el arco de meta del Tor des Géants. Me resultaba francamente surrealista. Era un día soleado, había mucho bullicio. Yo estaba en shock. ¿Cómo podía ser que ya se hubiera acabado? Creo que mi mente ya no consideraba la opción de que el Tor fuera a acabar alguna vez. También sentí la extrema violencia de haber sido arrancada de las montañas del Valle de Aosta, que habían sido mi casa durante 6 días. ¿Una semana de vacaciones por el Valle de Aosta sin pagar alojamiento? Sí, por favor. ¿Quién diría que no? 😏

Después de las fotos de rigor, me dirijo a buscar el protocolario helado finisher. Me siento en una terraza al sol y pido un helado, creo que de 3 bolas. Supongo que sobra decir que me noto cansada, pero me noto cansada. Siento que tengo muchas cosas que contar. Millones de imágenes, sensaciones, momentos...todos apelotonados y desordenados pululan por mi mente. Pero no me sale ni una palabra. En ese momento recuerdo pensar : ¿y cómo explico yo ahora todo esto? ¿por dónde empiezo?



Después del helado dejo mi mochila en la furgo y cojo ropa limpia para dirigirme a la ducha del polideportivo. Voy coja, aún me duele el cuádriceps. Sueño con una ducha caliente de al menos 15 minutos. Me quito la ropa con muchas dificultades...le doy al botón y sale el agua...fría. Espero unos minutos y sigue saliendo...fría. Entiendo que hoy para mí solo hay agua fría. En ese momento siento como si se hubiera cometido contra mí la mayor injusticia mundial y empiezo a llorar inconsolablemente, a gritos. Menos mal que no entra nadie más a las duchas. Aunque ya tenía preparada la frase que le soltaría, la verdad es que en ese momento me daba igual que alguien anónimo pensara que estoy loca. Me ducho como puedo, con dolor en todo el cuerpo y llorando. Me pongo mi camiseta del Tor, la amarilla. Me miro en el espejo y me veo la cara super hinchada, pero a la vez chupada. Un poco deforme. El cuerpo me lo noto un poco consumido...luego comprobaría una pérdida de peso de unos 5 kg. 

Me voy a la furgo y no, no me duermo. Normalmente en este punto me pongo verborreica y me apetecen cosas saladas. Después de las ultras largas siempre me pongo a comer queso y aceitunas antes de irme a dormir. En este momento recuerdo que hace casi justo un año estaba en Saint Gervais tras acabar la TDS, en la terraza de un apartamento charlando con mis padres comiendo queso y aceitunas. Así que, reventada como estaba, saco la mesita camper, la planto en el parking y me pongo a comer gorgonzola del bueno a cucharadas y un par de latas de aceitunas. Fiel a mis tradiciones. Charlo con Marc, no me acuerdo ni de qué... de cosas aleatorias del Tor, supongo. Me siento flotando en medio de una nebulosa muy loca. Reviso el móvil, veo muchos wasaps, solo respondo un par, mañana será otro día. Hablo un rato con Kiel, que me ha estado siguiendo bastante estos días, lo cual le agradezco mucho.   


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Ahora sí, me voy a dormir y caigo en menos de 30 segundos. A las 2 horas me despierto sin alarma y viene una palabra a mi mente, bueno, me vienen dos: carbonara y chocolate con tégole. Así que allá vamos. Mientras estamos cenando me doy cuenta de que en la mesa de al lado hay otro finisher; el pobre tiene tanto sueño que se va quedando dormido mientras se come su pasta. Recuerdo que al otro lado había una pareja "plástica, de esas que veo por ahi" como diría el gran Rubén Blades. Emperifollados como si fueran a la ópera, no paran de mirarnos de arriba a abajo y cuchichear... supongo que nuestro delito es ir a cenar a un restaurante con ropa deportiva. 

Después de cenar, a dormir. Voy a la cama temerosa de una típica noche post-ultra, es decir, noche de pesadillas, despertares, sed, espasmos y calambres. Pero no, me sorprende dormir durante 8 horas del tirón sin ningún tipo de molestia. 

Ahora sí, me merezco un desayuno de cafetería de Courmayeur (prepara los euros). Después de desayunar, toca ir a la ceremonia de reconocimiento y entrega de premios a los finishers. 

Cuando llego al recinto, que es abierto, me encuentro con el fisio que me había sacado del pozo  en Ollomont, le doy eternas gracias y me saco una foto con él. Nunca sabrá lo importante que fue para mí que se hubiera cruzado en mi camino cuando salí de aquella ducha helada en uno de mis peores momentos del Tor. 





Justo después me encuentro con la austriaca, otra que tampoco sabe la magnitud de la felicidad que me proporcionó aquella cocacola en el refugio del Grand Tournalin. Nos abrazamos, nos contamos algunas anécdotas y celebramos que somos finishers.



Entramos a la ceremonia, lo curioso de ésta es que llaman uno a uno a todos los finishers, desde el último hasta el primero. Este año hemos acabado casi el 60 % de los que empezamos, una cifra mayor de la habitual. Supongo que está directamente relacionado con que hemos tenido unas condiciones de tiempo que no suelen darse en el Tor. Exceptuando la lluvia del primer día, de resto el tiempo estuvo bastante bueno, salvando que en algunos tramos de día hacía bastante calor y cuando subías a bastante altitud de noche hacía mucho frío. Pero nada extremo. 

Así, empiezan a llamar uno a uno a todos los finishers, primero a los del Tor des Glaciers y luego a los del Tor des Géants. Cuando oigo mi nombre me dirijo al escenario y voy coja, aún tengo el cuádriceps contracturado. Pienso "intenta caminar bien que te está viendo mucha gente... y además hay gente que ha apretado más que tú y camina mejor" 😂. Ya en el escenario, saludas a unas 10-12 personas del staff del Tor, te felicitan...es un momento muy emocionante. Me siento muy feliz y relajada. Sin duda es un gran momento. Recojo el premio finisher (otra camiseta y un chaleco de hidratación de Kailas), me siento en el césped con el resto de finishers... y me toca sentarme al lado de Gollum. Dicen unas palabras, ponen música, todo el mundo grita, llora, salta lo que puede...y ahora sí, clausura oficial. El Tor 2025 ya es historia y quedará para siempre suspendido en nuestras memorias y clavado en nuestros corazones. 



Antes de irnos de Courmayeur vamos a comer. Nos sentamos en la terraza de una pizzería y aparece Frederic con su hijo, se sientan a nuestro lado y compartimos ese último ratito, contándonos anécdotas de la carrera. El tiempo que compartí con él durante la carrera fue corto, quizás 2 horas, pero fue muy especial para mí. Fue una persona con la que conecté muy bien y con la que me sentó muy bien hablar. Y nos hicimos una foto de despedida. Es un momento muy feliz y me alegra enormemente haberme podido despedir de él: 



Ya con la barriga llena empieza nuestro viaje de vuelta, que durará un día y medio. Son casi 1000 km, unas 14 horas de coche. Courmayeur nos despide con una intensa lluvia, que parece ser que ha venido para quedarse toda la semana. Me doy cuenta de que el Tor ha tenido lugar en la ventana de tiempo perfecta. 





Siento mucha tristeza mientras abandono el Valle de Aosta💔, sin ser todavía consciente del impacto que esta experiencia ha tenido en mí. Solo soy consciente del impacto físico. A nivel emocional puedo decir que sigo en shock, sigo anestesiada, incapaz aún de ordenar y gestionar tantas imágenes y tantos recuerdos, tantas emociones. Mucha gente me pregunta qué tal, yo me siento mentalmente incompetente para contar nada. Hago resúmenes vacuos, que no expresan ni un 1% de todo lo que habita dentro de mí. 

Lo que sí puedo hacer en ese momento es volver a agradecer de todo corazón. A Marc, a mis padres, a mi hermano, a tanta gente que me estuvo haciendo seguimiento, escribiéndome o preguntando por mí, atentos para felicitarme en cuanto crucé esa meta... Rocío, Marina, Chiki, Fabi, Nati, Efrén,  Ángel, Mimi, Mireia, Guri, Lois, Juan, Rober, Jubera, la Hansen, Eduard, Kiel, Aarón, Rayco, Esteban, Mingo, Robert, Lluis, Carrasco, Ana, Jose Luis, Rafa, Cris. Estoy eternamente agradecida. 

Eduard, mi entrenador desde hace más de 5 años, estuvo muy pendiente de mí día tras día, acompañándome en la distancia especialmente en los momentos más críticos. Esto es impagable y no todos lo hacen, y no tendría por qué hacerlo...al menos no implicarse de esta manera. Crack!

El viaje pasa rápido entre música, podcasts, paradas a comer y a dormir. De repente estoy en mi casa y pienso "¿qué hago yo aquí? ¿cómo hago ahora para volver a la normalidad?", sin sospechar ni de lejos el viaje emocional que estaba a punto de comenzar. Cuando yo pensaba que ya lo había vivido todo, no hacía más que empezar el Tor más profundo, aquello que yo siempre he llamado en mis crónicas "lo que permanece y te transforma". Así se titulará también mi próxima entrada de este blog. 

Gracias por leerme!! 💚










Comentarios

  1. ¡Gracias por este nuevo texto! Qué placer volver a sumergirse una y otra vez en este Tor, aunque parezca alejarse poco a poco. ¡Siempre quedará algo que permanece y te transforma! Fred

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