El post-Tor tardío. Una semana psicotrópica y una larga recuperación...

Era la primera vez que me enfrentaba a una distancia superior a 100 millas y no tenía ni idea de cómo iba a responder mi organismo en la recuperación. Como curiosa y amante de la fisiología, iba a tener el "privilegio" de vivirlo en primera persona. Ya sé que somos un todo, pero dividamos la recuperación por partes:

- Físico: la paliza que sientes en todo el cuerpo después de una ultra me llegó multiplicada por 5 ó 6. No sentía ningún dolor concreto, aunque muscularmente sí que estaba cargada y dolorida de forma global. Articularmente intacta. Pero sobre todo padecía a lo bestia ese cansancio "de fondo" o "metabólico" que se dice. Quien lo ha vivido varias veces sabrá lo que es.

- Apetito: estuve unas 2 semanas con mucha hambre todo el tiempo. La primera semana me apetecieron alimentos básicos, tipo arroz, espinacas o legumbres. A partir de la segunda me apetecieron muchas mierdas, tipo bollería y golosinas...y por si alguien lo estaba dudando, me las comí. Entré en una espiral de hambre ansiosa que me hizo ganar casi 3 kg por encima de mi peso basal en un mes, que luego volví a bajar en unos 3 meses. 




- Sueño: la hibernación que mantuve durante los primeros 5 días tras la llegada a casa fue algo espectacular.  Calculo que dormía entre 10-12 horas diarias. De hecho me despertaba, desayunaba, sacaba a la perra, me volvía a dormir, volvía a desayunar, preparaba la comida, comía, me volvía a dormir, sacaba a la perra, cenaba, veía la tele y me volvía a dormir. Y así 5 días, yo que normalmente nunca duermo siesta.  Y no seguí hibernando más días porque tenía guardia, que si no vete a saber...





Soñaba con el Tor casi cada vez que me dormía, de día o de noche. Algunos fueron sueños bonitos pero otros fueron auténticas pesadillas, como que no pasaba los cortes o que el Tor no se acababa nunca. Varias veces me despertaba en la cama o el sofá pensando que estaba en medio del Tor y me costaba hasta un minuto entero darme cuenta de que el Tor ya había acabado y que estaba en casa. Incluso teniendo bajo mi cuerpo mi sofá, viéndolo, tocándolo, me preguntaba que en qué km estaba, en qué base de vida. 

- Mental/cognitivo: me sentía flotando en una nebulosa, incapaz de concentrarme. Lo más angustiante era mi dificultad para mantener conversaciones, me sentía mentalmente lenta e incluso incompetente. Recuerdo llegar a pensar que ya no volvería a ser la misma, que había perdido facultades para siempre y que me había quedado en el viaje, igual que los que "se quedan" en un mal viaje con una sustancia psicotrópica. En mi primera guardia me sentí extremadamente lenta, tenía que razonar todo varias veces y dudé de estar preparada para atender situaciones críticas (en mi caso, niños críticos). Esto fue lo más angustiante de todo, aunque he de reconocer que esta guardia de 24 horas me sirvió para espabilarme y devolverme a la realidad. El Tor ya era el pasado, aunque yo lo sentía muy presente. 




- Social: la primera semana no tenía ganas de hablar con nadie y de hecho evité a la gente. No me sentía capaz de explicar esta vivencia y no quería hacerlo, me daba mucha pereza. Es una experiencia muy difícil de transmitir en toda su inmensidad. Y, creo que como terapia de choque, me fui a Bagà el finde de la Ultrapirineu a ver a amigos y a lucir la camiseta del Tor. Me daba pereza pero al final lo pasé increíble y me llevé regalos como este amanecer: 



- Emocional: a medida que pasaban los días me fui haciendo consciente de lo que había logrado y me sentí orgullosa de mí misma. Supe ver la cantidad de preparación, experiencia y habilidades que tienen que confluir para sacar adelante una aventura de esta envergadura. A la misma vez me invadió la típica tristeza que ya conocía, la tristeza de concluir un gran reto. La tristeza del objetivo logrado, la interrupción de tu rutina de los últimos meses, la pérdida de esa meta en la que habías estado tan enfocada. Esto está ampliamente descrito. Pero vivirlo siempre es duro y con estas dimensiones, mucho más. Para mí es una tristeza de fondo, un poco indefinida. La tristeza se va diluyendo pero entonces poco a poco va apareciendo la nostalgia. Pasadas varias semanas, yo aún me visualizaba en lo alto del Col de Malatrà. 

Ahora han pasado 6 meses desde que crucé esa meta de Courmayeur y no hay día que no piense en mi Tor. Continuamente me vienen sensaciones muy nítidas de momentos muy concretos, recuerdos que de pronto se desbloquean de la nada y te asaltan, instantes grabados a fuego, imágenes de lugares que siento que me acompañarán para siempre. Sin duda la esfera emocional es la más compleja. Sin duda podría desarrollarla más pero no lo hago por miedo a ser demasiado intensa o friki.  

- Regreso a la actividad física: la primera semana básicamente pasear a la perra y una salida en bici de 35 km con poco desnivel que me costó casi más que el Tor. Me sentí extremadamente floja y destruida. Curiosamente tenía ganas de correr, pero decidí posponerlo. A finales de la segunda semana cogí un tren a Pamplona y me fui con mi amiga Marina a recorrer en 3 días las vías verdes de Plazaola y de Bidasoa, unos 60 km diarios bastante rodadores y sencillos, parando en lugares tan maravillosos como San Sebastián y Hondarribia. La verdad es que fue una excusa para echarme unas risas con mi amiga, beber mucha sidra y comer bien. Esta ruta me hizo poner los pies en el suelo ya del todo y reencontrarme un poco conmigo misma. Me hizo tomar una perspectiva de todo que me ayudó bastante. 



Pasado un mes del Tor salí a correr 10 km por llano a 6...pero noté un dolor en el metatarso izquierdo que no me hizo gracia. Otro día salí a intentar seguir a Efrén en una salida de montaña de 1 hora y media y casi me muero, había ola de calor y el desnivel positivo me mataba.  Así que, principalmente por el bien de mi metatarso, me pauté otro mes de bici y sin correr, en expectativa de que además pronto comenzara una buena temporada de esquí y empezar mis ansiadas sesiones de D+ en altitud y sin impacto, que cada año hacen su magia. 

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En los últimos días he releído algunos de los capítulos que escribí contando toda esta aventura y al hacerlo es en parte como si volviera de nuevo al Valle de Aosta. Siento mucha satisfacción pero a la vez me duele ver cómo la vivencia se aleja cada vez más e inevitablemente se van perdiendo matices, detalles, nitidez. Ahora agradezco mucho haberlo escrito todo las semanas siguientes.

La pregunta que me hacía y me hacían era "¿habrá otro Tor?". Pasados un par de meses ya supe que la respuesta era sí. Habrá otro Tor. Con más experiencia, con otra perspectiva y espero que con una recuperación algo más apacible que esta. 

Seis meses después y más allá de tópicos, lo digo alto y claro: el Tor me ha cambiado. El Tor te cambia. Como me dijo un colega "es lo más brutal que he hecho, lo más duro y a la vez lo más bonito". Y tal cual lo explicaba él es exactamente como yo lo siento. 

Espero terminar de aterrizar algún día. Una parte de mí se quedo en el Valle de Aosta...y tendré que volver a recuperarla, o a dejar otra parte de mí, de la nueva yo que volverá algún día, espero que como mínimo con la misma ilusión. 



Sí....soy una gigante!!!!!!




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